Dedicado a mi amigo Goyo Salcedo.

 

Olivares del Jarama

de loma en loma prendidos,

la historia no te reclama

lo que la guerra ha perdido.

 

Aquella juventud hispana,

y  de otros tantos lugares,

que luchó en tus olivares

y calentó con tus ramas,

su comida y sus pesares.

 

Este campo morateño

bajo el claro sol del día,

cobijó bajo sus sueños

la sangre que recibía.

 

Mil senderos, anchas lomas,

de olivares inundadas,

el vuelo de las palomas

en tu cielo recamadas.

 

Olivares, cuantas razas

por tus campos recorrieron,

la guerra fue su amenaza

y en tus olivos murieron.

 

Aquellas frentes sombrías,

con un casco por sombrero,

Morata como alquería,

soldados como braceros.

 

Olivares rebruñidos

de balas y de metralla,

en tantos pechos prendidos

por tanta guerra canalla.

 

Olivar de cien caminos,

con tus olivas creciendo,

caminando a cien molinos,

y hoy con la paz floreciendo.

 

Juan Santiago Martín Duarte